jueves, 19 de abril de 2012

PREGUNTAS 1 Y 2. LA METAMORFOSIS. KAFKA


6.1. KAFKA Y SU ÉPOCA

Franz Kafka nace el 3 de julio de 1883 en Praga, en una familia judía. Su padre regentaba desde 1882 un negocio de mercería que transformaría más tarde en unos grandes almacenes que le dieron reputación de ciudadano respetable. Aunque su idioma materno fue el alemán, Kafka aprendió también el idioma checo, ya que su padre quería que su hijo hablara con fluidez ambos idiomas. Estudió Derecho en la Universidad de Praga. Después de sus estudios, en 1907 ingresó como pasante en una agencia italiana de seguros; fue entonces cuando comenzó a escribir. Al año siguiente obtuvo un contrato fijo en otra agencia de dicho ramo. En 1917 se le diagnosticó tuberculosis, lo que le obligó a mantener frecuentes períodos de convalecencia.

Fundamental en la vida de Kafka es su relación con su autoritario padre. En la intimidad, éste no dejó nunca de menospreciar a su hijo. De ese conflicto declaró el propio Kafka que procedía toda su obra, incluyendo en particular su célebre Carta al padre, nunca publicada en vida. También fue determinante en su vida su relación tormentosa con varias mujeres. En 1923 se trasladó a Berlín, con la esperanza de distanciarse de su familia y centrarse en su obra; se reunió con Dora Diamant, una joven de 25 años descendiente de una familia judía ortodoxa, que había huido de su pueblo natal, a la que había conocido en el verano del mismo año. El estado de salud de Kafka empeoró sensiblemente en años posteriores con el avance de la enfermedad. Tras estancias en sanatorios y un tiempo en Berlín, regresó a Praga y  posteriormente fue internado en un sanatorio cerca de Viena para recibir tratamiento. Murió en el sanatorio el 3 de junio de 1924. Su cuerpo fue llevado a Praga, donde fue enterrado, el 11 de junio de 1924.

La vida y obra de Franz Kafka se sitúan en uno de los periodos más complejos y conflictivos de la historia: la primera mitad del siglo XX. A lo largo de este periodo los acontecimientos se suceden a gran velocidad, produciéndose una gran transformación en todos los órdenes: político, social, económico, ideológico y artístico. Podemos distinguir dos etapas diferentes:

Hasta la primera guerra mundial se produce la llamada crisis de fin de siglo: una crisis general provocada por el estallido de las tensiones acumuladas a lo largo del siglo XIX. La crisis de fin de siglo supondrá el final de la sociedad burguesa y de todos sus valores. La crisis de fin de siglo desembocará en la guerra de 1914, que causará una gran transformación del mundo. Con ella empieza verdaderamente la historia contemporánea.

Tras el fin de la guerra en 1918 comienza el periodo de entreguerras. Se inicia con una etapa de gran recuperación económica –los “felices veinte”-, que oculta el recrudecimiento de las tensiones ideológicas provocado por el desarrollo de ideologías totalitarias y la pérdida de credibilidad del sistema democrático. El crecimiento económico se fue convirtiendo en desmesurado, artificial e incontrolable, hasta deshacerse en el crack de 1929, la mayor crisis en la historia del sistema capitalista: de ella nace un periodo de grandes penurias, conocido como los “sombríos treinta”. Sin el soporte de una economía próspera, se endurecen los enfrentamientos ideológicos: el nazismo toma el poder en Alemania (1933), mientras el Frente Popular lo hace en Francia (1936). Se llega así a la Segunda Guerra Mundial, en 1939.

Ambas etapas se caracterizan, pues, por un contexto de crisis. Los acontecimientos no son amables con el hombre, que acaba adquiriendo una visión pesimista y desencantada de la realidad, y también del sentido de su propia existencia, o más bien la falta de sentido. Se impone el pensamiento irracionalista y vitalista, iniciado ya en el XIX por Kierkegaard, Schopenhauer y Nietzsche. La realidad se entiende como algo dinámico que no puede ser apresado por la razón. El culmen de estas concepciones ideológicas es el existencialismo: para los filósofos existencialistas como Martin Heidegger, la esencia del hombre se reduce a su existencia. Estamos arrojados al mundo sin ninguna razón y abocados a la muerte.

A lo largo de toda esta etapa, la novela va a experimentar profundos cambios. La novela ya no puede ser una simple sucesión de hechos objetivos narrados linealmente. Ahora los novelistas se preocupan más por otros aspectos, como el lenguaje o la estructura: se trata de una novela mucho más formalista que la anterior. Además se abandona la narración omnisciente a favor de otros modelos de punto de vista: narrador objetivo, contrapunto, multiplicidad de puntos de vista… Y se introducen nuevas técnicas encaminadas a la expresión de la interioridad, como la corriente de conciencia o monólogo interior.

De manera similar a la etapa realista, la novela sigue siendo el género más destacado durante esta primera mitad del siglo XX. Autores fundamentales surgen en Europa y América. En Estados Unidos la renovación de las técnicas narrativas corre a cargo de Henry James, al que seguirá, ya en el periodo de entreguerras, la llamada “generación perdida”: Hemingway, Scott Fitzgerald, John Dos Passos y William Faulkner. En Inglaterra destaca Virginia Woolf. En Alemania, Thomas Mann, Robert Musil, Hermann Hesse y Franz Kafka que, aunque checo, escribe en lengua alemana. Los dos principales novelistas son el francés Marcel Proust, autor de la monumental En busca del tiempo perdido,  el irlandés James Joyce, autor del Ulises, considerada la novela más importante del siglo XX.

6.2. LA METAMORFOSIS Y LA OBRA LITERARIA DE KAFKA

Kafka sólo publicó algunas historias cortas durante toda su vida, una pequeña parte de su trabajo, por lo que su obra pasó prácticamente inadvertida hasta después de su muerte. Con anterioridad a su fallecimiento, dio instrucciones a su amigo y albacea Max Brod de que destruyera todos sus manuscritos; Brod hizo caso omiso de esas instrucciones, y supervisó la publicación de la mayor parte de los escritos que obraban en su poder. La compañera final de Kafka, Dora Diamant, cumplió sus deseos pero tan sólo en parte. Dora guardó en secreto la mayoría de sus últimos escritos, incluyendo 20 cuadernos y 35 cartas, hasta que fueron confiscados por la Gestapo, en 1933. Actualmente prosigue la búsqueda de los papeles desaparecidos de Kafka a escala internacional.

Estas circunstancias, junto a la obsesiva autoexigencia del autor, explican el escaso número de obras de Kafka publicadas en vida: La condena (1912), En la colonia penitenciaria (1914), La metamorfosis (1915) y las colecciones de relatos Contemplación (1913), y Un médico rural (1917), además de numerosas cartas. Tras su muerte se publican sus novelas extensas: El proceso (1925), El castillo (1926) y América (1927), estas dos últimas inconclusas. Todas sus páginas publicadas, excepto varias cartas en checo dirigidas a Milena, se encuentran escritas en alemán.

La metamorfosis narra la historia de Gregorio Samsa, un comerciante de telas que vive con su familia a la que mantiene con su sueldo, quien un día amanece convertido en una criatura no identificada claramente en ningún momento, pero que tiende a ser reconocida como una especie de cucaracha gigante. La obra ha tenido numerosas interpretaciones: entre las más obvias están las referidas al trato de una sociedad autoritaria y burocrática hacia el individuo diferente, donde este queda aislado e incomprendido ante una maquinaria institucional abrumadora y monótona que ni él comprende ni ésta lo comprende a él. Otros temas son la soledad de las relaciones rotas y las esperanzas desesperadas y poco realistas que crea tal aislamiento. Algunos autores han querido ver también en esta historia una alegoría de las diversas actitudes que toma el ser humano ante la enfermedad grave e irreversible y cómo a pesar de todo la vida continúa.

Los escritos de Kafka pronto comenzaron a despertar el interés del público y a obtener alabanzas por parte de la crítica, lo que posibilitó su pronta divulgación, hasta el punto de que marcaría el proceso posterior de la literatura del siglo XX.  En su obra, a menudo el protagonista se enfrenta a un mundo complejo, que se basa en reglas desconocidas, las cuales nunca llega a comprender. El adjetivo kafkiano se utiliza precisamente a menudo para describir situaciones similares. Sus temas son recurrentes: el conflicto generacional entre padres e hijos, la imposibilidad de realizarse como individuos en una sociedad gobernada por el azar y la relación del hombre con un poder absurdo, anticipo del horror de los totalitarismos que surgiría poco después en Europa.

La mayoría de los escritores y críticos del siglo XX han hecho referencias a su figura. Ha habido multitud de estudiosos que han intentado (e intentan) encontrarle sentido a la obra de Kafka, interpretándola en función de todos los puntos de vista posibles: filosófico, literario, psicoanalítico, religioso o sociológico. En cualquier caso, se trata de una de las figuras capitales de la literatura y la cultura contemporáneas.